La aerodinámica del Mercedes-AMG One: DRS automático y el límite de los 250 km/h
Descubre cómo el sistema DRS activo del Mercedes-AMG One reduce la resistencia al aire automáticamente para superar los 250 km/h, adaptando la carga aerodinámica en tiempo real sin intervención del conductor.


El Mercedes-AMG One representa la materialización más extrema de la ingeniería de Fórmula 1 en una matrícula de calle. Sin embargo, más allá de su motor V6 turbohíbrido de 1.6 litros que gira hasta 15.000 rpm, la verdadera magia que permite a este hypercar cortar el aire reside en su gestión de la aerodinámica activa. Hablamos específicamente del sistema DRS (Drag Reduction System), un mecanismo que, lejos de ser una simple moda, reescribe las reglas de la física en carretera abierta.
La mecánica del aire: del circuito a la carretera
En la Fórmula 1 actual, el DRS es una herramienta táctica regulada que el piloto activa en zonas designadas para adelantar, reduciendo la carga aerodinámica para ganar velocidad punta. El AMG One adopta esta filosofía, pero la integra en un ecosistema de conducción mucho más complejo y autónomo. A diferencia de un coche de carreras puro, donde el piloto tiene el control total sobre el alerón, el hypercar de Stuttgart prioriza la estabilidad y la seguridad intervenidas por una unidad de control electrónico (ECU) que procesa datos en milisegundos.
El alerón trasero del AMG One no es una pieza estática; es un componente hidráulico móbil compuesto por el plano principal y un flap móvil. En condiciones normales o en curvas, el ala genera una carga aerodinámica masiva —se estima que supera los 600 kg a 250 km/h— para pegar el coche al asfalto. Esta fuerza es necesaria para canalizar la potencia de más de 1.000 CV sin que el vehículo se torne inestable.
El umbral de los 250 km/h y la activación pasiva
El punto crítico donde opera el DRS en el AMG One marca una barrera psicológica y técnica: los 250 km/h. Por debajo de esta cifra, el sistema mantiene el alerón en configuraciones de alta carga o nivel ("clean") según el modo de conducción seleccionado (Strat 1 a Strat 5). La particularidad aquí es que, al superar los 250 km/h, el sistema entra en un modo de optimización de resistencia.
En esta franja de velocidad, la ECU detecta que la carga aerodinámica generada por el ángulo de ataque del alerón es innecesaria para la estabilidad lineal y contraproducente para la aceleración. Es entonces cuando el flap se abre automáticamente, aplanando el perfil del ala. Este movimiento reduce drásticamente el coeficiente de arrastre (Cx) y la resistencia al avance, permitiendo que el vehículo siga acelerando hasta su velocidad máxima autolimitada.

Esta automatización es fundamental. Un conductor humano podría reaccionar tarde ante un cambio de viento lateral o una irregularidad en el asfalto a 300 km/h con el alerón abierto. El sistema del AMG One, en cambio, monitorea constantemente parámetros como la aceleración lateral, la posición del acelerador y la velocidad. Si el conductor levanta el pie o frena, el DRS se cierra instantáneamente para proporcionar frenada aerodinámica y estabilidad en la entrada a la curva, mucho antes de que el sistema de frenado de carbono-cerámica entre en su máxima eficiencia.
El coste de la complejidad: mantenimiento versus rendimiento
Integrar una aerodinámica de este calibre en un coche de calle no viene sin sus contrapartidas. La sofisticación de los actuadores hidráulicos y la precisión requerida en las superficies de control de flujo elevan el nivel de mantenimiento exponencialmente comparado con un superdeportivo convencional. No se trata solo de cambiar el aceite, sino de verificar la calibración de sensores y la integridad de los sistemas de transmisión de fuerza en el alerón.
Analizando el mercado de los hypercars híbridos, el coste de propiedad de estas tecnologías es un factor decisivo. Si comparamos esta complejidad con la de sus rivales directos, como el Ferrari SF90 o el McLaren Artura, vemos que los intervalos de revisión son estrictos. De hecho, un análisis sobre el Ferrari SF90 vs McLaren Artura: costo de mantenimiento a 5 años revela que los sistemas híbridos de alto rendimiento y la aerodinámica activa demandan revisiones especializadas que disparan los presupuestos a largo plazo.
La estabilidad como prioridad absoluta
Existe un mito común de que abrir el alerón a alta velocidad vuelve al coche "ligero" o peligroso. En el caso del AMG One, la aerodinámica ha sido diseñada para funcionar de manera sistémica. Cuando el DRS se abre a velocidades superiores a 250 km/h, el fondo plano y el difusor trasero siguen trabajando para gestionar el flujo de aire bajo el coche.
El diseño del fondo plano es tan agresivo que, incluso con el alerón trasero en posición de baja resistencia, el coche genera un "efecto suelo" significativo que evita que el vehículo se levante. La activación del DRS aquí es simplemente para eliminar el exceso de fuerza vertical (downforce) que frena el coche, no para eliminar la sustentación negativa por completo. Esto garantiza que, incluso a 350 km/h, el hipercoche se sienta anclado al suelo, permitiendo al conductor mantener el acelerador a fondo sin la sensación de inseguridad que provocarían los coches de carreras de décadas anteriores.
El futuro de la aerodinámica adaptativa
Lo que el AMG One demuestra en 2026 es que el futuro de los hipercoches no radica solo en aumentar la potencia, sino en gestionar el aire de manera inteligente. La capacidad de modificar la forma del coche en tiempo real según la velocidad y las condiciones de la carretera es el siguiente gran paso de la ingeniería automotriz.
Esta evolución tecnológica es la responsable de que los récord de circuito sigan cayendo, aunque a menudo surgen debates sobre la legalidad de los neumáticos utilizados. Situaciones polémicas como el récord del Nürburgring: ¿neumáticos legales o slicks? ponen de manifiesto que la aerodinámica activa debe ir de la mano de un agarre mecánico creíble. Sin embargo, sistemas como el DRS automático del AMG One legitimizan el uso de tecnología de competición en carretera abierta, ofreciendo un rendimiento que hace tan solo una década parecía ciencia ficción.
La conclusión técnica es clara: el DRS en el AMG One no es un botón para ganar velocidad, sino un sistema de gestión de la energía cinética que equilibra la fricción del aire con la potencia del motor. Es la prueba definitiva de que, en la cúspide del rendimiento automotriz, la aerodinámica es el factor diferenciador más crítico.
Fuentes
Para profundizar y verificar los datos, consulta:

